El perdón una constante en la relación padres e hijos y viceversa
El valor del perdón en las relaciones entre padres e hijos es una acción que ningún padre debería dejar pendiente con sus hijos.
No existe una escuela para padres en la cual enseñen cómo formar a los hijos o cómo no herir a los hijos aún en pequeñas cosas. Cuando un hijo viene al mundo, es una hoja en blanco, que debe ser amado, formado, cuidado y protegido por sus primogénitos. En este sentido, en ocasiones los padres fallan al dañar conscientes o inconscientes a quienes como un regalo divino ha llegado a sus vidas.
Existen muchas razones, por las que un padre o madre puede herir a un hijo y es que algunas situaciones, personas muy jóvenes se convierten en padres o bien, porque tienen heridas demasiado profundas que no han sanado.

Y una persona herida solo puede herir a otras personas.
Con el paso del tiempo, las personas maduran emocionalmente y es entonces que pueden reconocer los errores cometidos durante años previos. Sanar la relación con los hijos, nunca es tarde, porque siempre habrá un tiempo para pedir perdón y sanar; y aunque es un proceso que puede no ser inmediato la reconstrucción de una relación siempre es de bendición para quien pide perdón y para quien lo otorga.
En este proceso, puede haber momentos difíciles porque el daño fue muy profundo, pero nada que el amor – no sea capaz de superar.
La biblia en Malaquías 4:6 indica: “Él hará que los padres se reconcilien con sus hijos y los hijos con sus padres; así no vendré a herir la tierra con destrucción total”.
Bajo esta premisa el perdón es de dos vías, tanto de los padres hacia los hijos, como de los hijos hacia los padres.
Pedir perdón, un acto de humildad:
Bajo ningún concepto el pedirle perdón a un hijo puede ser considerado una humillación, sino más bien un acto de humildad y de grandeza de un padre que reconoce que daño el regalo de Dios para su vida.
En el caso de un hijo, que vuelve a casa, para buscar el perdón de sus padres muestra su humildad y la búsqueda de la bendición de Dios, considerando que la honra al padre y madre es el único mandamiento con promesa.
La sanidad de las relaciones entre hijos y padres permite que haya familias sanas y felices que pueden vivir en plenitud.
Ante los desafíos para la integración familiar actuales, el hecho de meditar en las acciones como padres e hijos, permite fortalecer esta importante institución que permite fortalecer a las naciones y hacer mentes más positivas y con deseos de superación.
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